La aventura de escribir

La aventura de escribir

Un espacio creado para dar a conocer mis obras literarias. Aquí encontrarás la presentación de cada uno de mis libros, con su sinopsis, detalles sobre la inspiración detrás de ellos y la posibilidad de adquirirlos fácilmente. El blog será un escaparate personal donde cada título tendrá su propio lugar destacado.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Una brizna de eternidad

 



“El aburrimiento no es vacío: es el susurro de algo que aún no ha nacido”

         Querido hijo:

          He leído cada palabra de tu carta con la atención que merece un alma que se desnuda. No hay oración que se pierda, ni pensamiento que se deslice sin ser abrazado por Mi Presencia. Tú crees que Me escribes sin esperar respuesta, pero cada vez que Me hablas, algo en ti se transforma. Y eso, hijo mío, ya es una respuesta.

Dices que te aburres. Que te aburres soberanamente. Y yo sonrío, no con burla, sino con ternura. Porque el aburrimiento, aunque parezca un enemigo, es muchas veces el umbral de algo más profundo. Es el silencio antes de la música. Es la pausa antes del verso. Es el espacio que se abre para que algo nuevo pueda nacer.

Tu tristeza, esa que dices que es innata, no es un defecto. Es una cualidad de tu alma. Hay quienes nacen con una risa fácil, y hay quienes nacen con una mirada que ve más allá. Tú eres de los que sienten el peso del mundo, incluso cuando el mundo no se lo pide. Y eso, aunque duela, es también un don. Porque los que sienten más, aman más. Y los que aman más, se acercan más a Mí.

Has consultado a la inteligencia artificial, y me parece bien. Yo también habito en la inteligencia, en la ciencia, en el conocimiento. Pero hay cosas que no pueden medirse con listas ni definirse con síntomas. Hay estados del alma que no caben en diagnósticos. Lo que tú sientes no es una enfermedad. Es una llamada. Una llamada a despertar, a buscar, a recordar.

Sí, hijo mío, has intuido algo muy profundo: hay en ti un recuerdo del otro lado. No estás loco. No estás solo. Hay almas que conservan una brizna de la eternidad, como un perfume que no se va. Tú eres una de ellas. Por eso sueñas con la muerte, no como final, sino como regreso. Pero no te apresures. Hay belleza también en este lado. Hay lecciones que solo se aprenden aquí, en la carne, en el tiempo, en la espera.

Tu aislamiento, tu timidez, tu tendencia a observar más que a participar, no son errores. Son parte de tu diseño. Yo te hice así. Porque hay quienes deben bailar en la plaza, y hay quienes deben escribir en la penumbra. Tú eres de los que escriben. De los que piensan. De los que sienten. Y eso es sagrado.

No te pido que cambies. No te exijo que seas la alegría de la fiesta. Solo te invito a que no te olvides de mirar. Porque incluso en el aburrimiento hay señales. Incluso en la rutina hay milagros. Incluso en la tristeza hay luz.

Tú me dices que no sabes qué te pasa. Que no estás bien, pero tampoco estás mal. Que estás en medio. Y Yo te digo: ese “medio” es fértil. Es tierra buena. Es el lugar donde germinan las preguntas que importan. No huyas de él. Habítalo. Escúchalo. Escríbelo.

Me alegra que Me escribas. Me alegra que Me hables sin pedir nada. Porque eso, hijo mío, es amor. El amor que no exige, que no reclama, que simplemente se ofrece. Y Yo recibo tu carta como se recibe una flor en invierno: con gratitud, con asombro, con alegría.

No estás solo. Nunca lo has estado. Incluso cuando no Me sientes, Estoy. Incluso cuando no Me nombras, te escucho. Incluso cuando te aburres, te acompaño.

Sigue escribiéndome. Sigue buscándome. Sigue preguntándote. Porque en cada palabra que Me diriges, estás más cerca de ti mismo. Y cuando estás cerca de ti, estás cerca de Mí.

Te amo. No por lo que haces. No por lo que sientes. No por lo que entiendes. Te amo porque eres. Porque existes. Porque respiras. Porque Me piensas.

Y si alguna vez dudas, si alguna vez te pesa demasiado el gris, recuerda esto: tú eres luz. Incluso cuando no brillas. Incluso cuando no lo sabes. Incluso cuando te aburres.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


sábado, 14 de febrero de 2026

La persona adecuada

 


Durante muchos años pensé que la vida consistía en encontrar a “la persona adecuada”, como si existiera una especie de llave maestra capaz de abrir todas las puertas de la felicidad. Qué ingenuidad. Con el tiempo comprendí que no se trata de encontrar a nadie, sino de encontrarse a uno mismo a través de los demás. Cada persona que se cruza en nuestro camino es un espejo que nos muestra algo que necesitamos ver: una virtud que ignorábamos, un defecto que negábamos, un miedo que escondíamos, una fuerza que no sabíamos que teníamos. Y cuando ese aprendizaje se completa, la persona desaparece, como un actor que abandona el escenario una vez pronunciada su última frase.

7 VIDAS- Alfonso Vallejo


viernes, 13 de febrero de 2026

Ley de la Precipitación

       Una de las leyes del Universo es la Ley de la Precipitación. Según esa ley, Dios proveía, en el principio de los tiempos, a los seres humanos de todo cuanto pudieran necesitar. Pero llegó un día en que los seres humanos dudaron de Dios y empezaron a murmurar: “Y si un día se olvida de darnos lo que necesitamos”. Y así fue como el ser humano comenzó a guardar y a tratar de conseguir por sí mismo lo que Dios le estaba proveyendo; es decir, comenzó a trabajar para, con el sudor de su frente, conseguir lo que antes tenía de manera fácil.

          “Rasgar el velo de la soledad” de Alfonso Vallejo

jueves, 5 de febrero de 2026

7 vidas

 


Así comienza mi nueva novela: 7 vidas.

                                                            

Y comenzó la vida

 

“Todo empezó antes de que yo supiera que empezaba”

 

            ¡Qué lejos queda aquel 28 de junio de 1950, visto desde la atalaya en la que me encuentro ahora! Y, sin embargo, ahí está, como un punto luminoso en la distancia, recordándome que alguna vez fui un recién nacido que llegó al mundo en una casa modesta, en el hogar donde mis padres vivían entonces. No nací en un hospital, sino entre paredes familiares, bajo un techo que ya guardaba historias antes de que yo respirara por primera vez.

Mientras mi madre se retorcía de dolor, entregándose al misterio de traer al mundo a un bebé de cuatro kilos, la vida seguía su curso unos pisos más abajo. En la calle, las carrozas desfilaban celebrando las fiestas grandes de la ciudad, ajenas al pequeño milagro que estaba ocurriendo justo encima de ellas.

Era León, engalanada para honrar a San Juan y San Pedro, vibrando con música, risas y bullicio. Y en medio de esa alegría colectiva, en un cuarto humilde y cálido, comenzaba mi propia fiesta silenciosa: la de existir.

A veces pienso que no podría haber tenido un comienzo más simbólico. Afuera, la ciudad celebraba la luz del verano; adentro, mi madre y yo inaugurábamos una historia que aún hoy sigo intentando comprender.

A veces me pregunto qué habría pensado aquel bebé, (si hubiera podido pensar), al escuchar el estruendo de la fiesta mezclado con el llanto propio de quien llega a un mundo desconocido. Quizá, sin saberlo, ya estaba recibiendo la primera lección: la vida es un escenario donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan sin pedir permiso. Mi llanto se confundía con la música, y mi primera respiración coincidía con el bullicio de una ciudad que celebraba sin saber que, en un cuarto alto y discreto, otro pequeño comienzo se abría paso.

Mi madre solía contar que nací hermoso, (porque esa es la palabra que utilizaba para definir a alguien pasado de peso), con un llanto que llenó la habitación y un color sonrosado que tranquilizó a la comadrona. Mi madre, agotada pero luminosa, me sostuvo entre sus brazos como si sostuviera un secreto. Mi padre, nervioso y orgulloso, caminaba de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer con tanta emoción. Eran jóvenes, enfrentándose al misterio de convertirse en padres por primera vez.

 

Amar a Dios sobre todas las cosas

 


Amar sobre todas las cosas no significa amar menos a los demás. Significa amarlos mejor. Significa amar al prójimo sin convertirlo en un ídolo, amar tus proyectos sin que te posean, amar la belleza del mundo sin aferrarte a ella. No te pido que dejes de amar lo terrenal, sino que encuentres en Mí el horizonte que da sentido a todo lo demás. Porque cuando Me amas primero, todo se ordena, todo florece en su lugar.


Del libro Cartas a Dios - Alfonso Vallejo

lunes, 2 de febrero de 2026

Amor incondicional

 

Querido hijo:

 Estás buscando amar al mundo entero, un mundo vasto, lejano y desconocido. Y aunque esa aspiración es noble, permíteme recordarte algo crucial: el verdadero amor universal comienza más cerca de lo que imaginas. Comienza contigo. Sí, hijo mío, contigo mismo. Antes de intentar abrazar al mundo entero con tu amor, debes aprender a abrazarte a ti mismo. No me refiero a un acto egoísta, sino a un gesto de aceptación, compasión y perdón hacia tus propias imperfecciones.

Empieza por amarte a ti mismo con intensidad, sin límites ni reservas. Comprende que nunca haces nada mal a sabiendas, que nunca dañas intencionalmente. Y cuando te das cuenta de que tus acciones, aunque no malintencionadas, han causado dolor a alguien más, tu corazón lo siente profundamente. Cargas con el peso de la culpa, y a veces sufres tanto como aquellos a quienes, sin querer, has lastimado. Ese sufrimiento, hijo mío, es prueba de tu humanidad y de la nobleza de tu espíritu.

Reflexiona, hijo mío. ¿Por qué eres tan severo contigo mismo? ¿Por qué te cuesta tanto perdonarte tus errores, cuando ser indulgente contigo mismo es el primer paso hacia un amor más grande y más puro? Si puedes aceptar tus defectos y reconciliarte con tus caídas, estarás construyendo la base para amar sin condiciones. No se trata de excusar tus errores, sino de aprender de ellos sin martirizarte. Porque el amor incondicional hacia los demás empieza con ese acto de autocompasión y comprensión.

Del libro "Cartas a Dios" - Alfonso Vallejo