La primera forma de existencia
es ser Dios. Somos una parte de Dios y que, por un acto de Amor, un día
permitió que miles, que millones, que miles de millones de puntos de Luz de Su
propia Energía comenzaran a tener vida propia, con un único objetivo,
experimentar el amor en todas las formas posibles, y aprender a amar como Él
nos ama. Así comenzó la Creación de las almas, un proceso que todavía continúa.
Por lo tanto, nuestra siguiente
forma es la vida de ese alma desgajada de la Totalidad como alma independiente,
que en ciertos periodos, muy cortos, casi imperceptibles para los que estamos a
este otro lado de la vida, se reviste de materia, para vivir una vida física y
poder experimentar ese amor, que es el único objetivo de la vida y de las
almas, como chispas de energía independientes.
Ese es nuestro aprendizaje. Para
ello, una y otra vez, venimos a la vida física y volvemos a nuestra forma
original, y lo haremos todas las veces que haga falta, hasta concluir el
aprendizaje.
Finalizado el aprendizaje ya es
posible volver a la Fuente para volver a formar parte de la Energía Divina.
Dios no tiene prisa y nos permite dilatar nuestra vuelta todo lo que
consideremos conveniente. Tenemos total y absoluta libertad de acción.
Del libro “Rasgar el velo
de la soledad”
