El
infierno no existe, Antay. El único verdadero infierno no está después de la
muerte. Es a este lado de la vida donde se puede encontrar el infierno, ya que
el único, el auténtico y verdadero infierno no está después de la muerte, está
ahora, en la vida. Está en la persona, está en su mente, pues es ella la que va
llevando al ego por los vericuetos del pensamiento, de la emoción y del
sentimiento. Es la mente la que, pensamiento a pensamiento, va desgranando
ideas, creencias, desgracias, males, sufrimientos y torturas que hacen que la
persona sufra un verdadero infierno.
Y
son esos pensamientos, creencias, males y desgracias las que vive realmente el
ego. El dolor del ser humano, el miedo, la ansiedad o la angustia, solo son un
producto de su mente, porque nada está ocurriendo, solo es su apreciación. ¿Te
parece poco infierno? Cuando el ser humano consiga mantener su mente en
silencio habrá alcanzado la dicha.
Antay,
—en el rostro de Ángel apareció un gesto de preocupación— y de la misma manera
que no existe el infierno, no existe la suerte y las coincidencias tampoco. Todo
está programado por nosotros antes de venir a la vida. Lo que no está
programado es la reacción de cada persona ante esos acontecimientos
programados. Y esa reacción depende totalmente del amor que la persona se tiene
a sí misma.
Me
costaba comprender su lógica.
—Todo
esto suena muy bien, Ángel, pero ¿cómo se consigue ese amor por uno mismo?
—Con voluntad. Dejar de lado el peso de las expectativas ajenas y aprender a aceptarse.
Del libro "Vivir ahora, vivir sin tiempo" Alfonso Vallejo
