Quiero comenzar contestando a la
pregunta que haces en tu misiva. Preguntas si realmente estoy ahí. Pues sí,
estoy ahí, pero, también estoy aquí y estoy allá y estoy en el cielo, porque Yo
Soy el cielo, pero, también, estoy en la Tierra, porque Yo Soy la Tierra. Estoy
en cada nube, en cada brizna de hierba y en cada grano de arena, porque Yo Soy
la nube, la hierba y la arena. Estoy en el Sol, en cada planeta, en cada
satélite y en cada estrella, porque Yo Soy el Sol, Soy cada planeta, cada
satélite y cada estrella.
Pero aún hay más, estoy en Ti. Y
siento tu emoción sin que me la expliques, conozco tu pensamiento a la vez que tú,
escucho cada palabra que sale de tu boca y cada anhelo que se escapa de tu
corazón, acompaño tu mano cuando acaricia, cuando bendice y cuando golpea y
enjugo las lágrimas que resbalan por tus mejillas.
Por lo tanto, siempre te escucho
¡Hijo Mío! Y siempre te contesto. Con palabras que no escuchas por el ruido que
mantienes en tu interior, con las señales que pides, que no sabes interpretar,
con sueños que olvidas porque no los consideras interesantes, con encuentros
que calificas de casuales.
De mil maneras me comunico contigo,
pero no me sientes, y no lo haces porque no estás sintonizando la emisora
correcta. Estás centrado en tus problemas, en tus preocupaciones, en tus más
íntimos deseos, en envidiar lo que otros tienen, en criticar todo lo que no se
ajusta a tu creencia.
Y todo eso en lo que centras
tu atención, tu pensamiento, tu emoción y tus palabras, te hacen sordo a Mis
respuestas, te hacen ciego a Mis señales, te hacen insensible a las intuiciones
y, lo que es peor, te están separando de la vida. No estás viviendo, porque la
vida pasa a tu lado sin que seas consciente de ella. Y es, entonces, cuando más
agobiado te sientes, cuando te acuerdas de Mí y levantas los ojos al cielo
pidiendo, rogando, suplicando, implorando, haciéndome culpable.
Tienes que salir de ese
bucle de sufrimiento y conseguir que la paz, la serenidad, la bondad y el amor
aniden en Ti. Entonces estarás listo, no solo para poder escucharme, sino para
no tener que pedirme o suplicarme, porque entenderás la razón por la que
determinado acontecimiento se cruza por tu vida. Y si no llegas a entenderlo,
estarás preparado para aceptarlo, porque entenderás que es necesario para poder
llevar a buen término alguna de las enseñanzas que has decidido aprender en
esta encarnación.
Del libro "Cartas a Dios" de Alfonso Vallejo

No hay comentarios:
Publicar un comentario