Los libros de Alfonso

La aventura de escribir

La aventura de escribir

Un espacio creado para dar a conocer mis obras literarias. Aquí encontrarás la presentación de cada uno de mis libros, con su sinopsis, detalles sobre la inspiración detrás de ellos y la posibilidad de adquirirlos fácilmente. El blog será un escaparate personal donde cada título tendrá su propio lugar destacado.

lunes, 16 de marzo de 2026

Voluntad, trabajo y paciencia

 


          La voluntad para mantener la atención, el trabajo para realizar la meditación y la paciencia para esperar los resultados han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.

COMO MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo


martes, 3 de marzo de 2026

Desde la fe

 



“Aunque el oro aún no brilla bajo mis pies, mi alma ya camina sobre él”

          Querido Dios:

            “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros, ya manifestado”. Ya sabes que este es un decreto de Saint Germain, una afirmación poderosa que utilizo para manifestar lo que deseo ver precipitado en mi vida y en mi uso. No es una frase que repita por capricho ni por rutina vacía. Es una invocación, una declaración de fe, una semilla que planto cada día en el fértil terreno de mi conciencia.

Me acuesto con este decreto cada noche, lo pronuncio como quien se arropa con esperanza. Con él me levanto, como quien se viste con propósito. Y durante el día, en innumerables ocasiones, lo repito una y otra vez, como un mantra que me conecta con la abundancia que sé que existe, aunque aún no la vea reflejada en mi cuenta bancaria.

No es el primer decreto que trabajo. Han sido muchos los que he utilizado a lo largo de mi vida. Desde que descubrí a Saint Germain, los decretos se han convertido en herramientas sagradas. Pero incluso antes de conocer su enseñanza, ya practicaba el pensamiento positivo. Desde siempre he sabido, quizá por intuición ancestral o por el eco de otras vidas, que el pensamiento es una fuerza creadora. Es la herramienta que nos puede hacer viajar por todos los estados emocionales, desde el sufrimiento más absoluto hasta la euforia, en cuestión de segundos.

Se me ocurre un ejemplo para ilustrarlo: una persona puede estar en un entierro, sumida en una tristeza profunda, y de repente, alguien dice algo gracioso, algo inesperado, y esa persona ríe. Aunque sea por unos instantes, abandona el estado de dolor. Si lograra sostener ese pensamiento alegre por más tiempo, podría salir del sufrimiento. Así de poderosa es la mente. Así de volátil es la emoción. Así de transformadora puede ser una idea.

Por eso, cuando leí por primera vez las palabras del Buda: “Somos lo que pensamos”, sentí una confirmación brutal. Era como si alguien hubiera puesto en palabras lo que yo ya sabía, lo que mi alma ya había comprendido sin necesidad de libros. A partir de ese momento, empecé a leer, a investigar, a profundizar en lo que intuía. Me sumergí en enseñanzas espirituales, en metafísica, en psicología del alma. Y cuanto más leía, más sentido cobraba todo.

Desde siempre he utilizado el pensamiento positivo para atraer salud, dinero, amor, soluciones a situaciones comprometidas, y también para satisfacer los deseos que plantea mi caprichoso ego. Porque sí, reconozco que no todo lo que pido nace de la sabiduría del alma. A veces es el ego quien habla, quien exige, quien sueña con lujos y comodidades. Pero incluso en esos momentos, intento que el pensamiento sea elevado, constructivo, alineado con la Luz.

Tengo que reconocer que “casi nunca” he conseguido manifestar lo que pido. Pero no me desanimo. Sigo teniendo fe. Porque mientras trabajo el pensamiento, me siento bien. Me siento conectado con la sabiduría del Universo, que no deja de ser la Tuya. Me siento parte de algo más grande, como si cada decreto fuera una conversación Contigo, una oración sin súplica, una afirmación de que lo divino vive en mí.

Muchas veces me he preguntado por qué no se cumple lo que decreto. Y aunque nunca llego a una solución definitiva, las posibles causas que barajo me resultan satisfactorias. No me frustran, sino que me invitan a reflexionar, a seguir buscando, a seguir creciendo.

Una de las causas que contemplo es que tal vez no esté contemplado en mi Plan de Vida. Siempre llego a la conclusión de que, si en mi plan está previsto que viva debajo de un puente, por mucho pensamiento positivo que trabaje, seguiré viviendo debajo de ese puente. Lo que sí podría conseguir es que el puente sea de oro, pero yo seguiría debajo. Y aunque suene irónico, hay belleza en esa imagen. Porque incluso debajo de un puente dorado, puedo encontrar paz, dignidad, propósito.

Otra causa que suelo considerar es que en mi mente subconsciente esté tan arraigado el pensamiento de pobreza que necesite más de una vida para eliminarlo. Tal vez la programación mental que arrastro es tan profunda, tan antigua, que requiere un proceso largo, paciente, amoroso. Tal vez estoy aquí para romper cadenas que vienen de generaciones anteriores, para sembrar una nueva conciencia que florecerá en otros.

También podría ser que, mientras trabajo el pensamiento positivo, mi propia mente me sabotee. Que haya una voz interna que, sin que yo lo note, filtre el pensamiento de que no lo voy a conseguir. Esa voz que dice: “Esto no es real”, “No va a funcionar”, “No lo mereces”. Y aunque intento silenciarla, a veces se cuela, como un susurro que debilita la fe.

En fin, Señor, no sé cuál es la causa correcta. Tal vez sea una combinación de todas. Tal vez haya otras que aún no he descubierto. Pero puedo asegurarte que no me desanima. Al contrario, me fortalece. Porque cada intento es un acto de amor hacia mí mismo. Cada decreto es una semilla que planto con esperanza. Cada pensamiento positivo es una caricia al alma.

Yo sé que algún día lo conseguiré. No sé cuándo, no sé cómo, pero lo sé. Porque la fe no se basa en resultados, sino en convicción. Y mi convicción es firme. Mi corazón está abierto. Mi alma está dispuesta.

Gracias, Señor, por escucharme. Gracias por acompañarme en este camino. Gracias por permitirme escribirte, como quien escribe a un amigo, a un padre, a un maestro. Gracias por estar en mí, incluso cuando no te veo. Gracias por enseñarme que el verdadero milagro no es recibir un millón de euros, sino descubrir que ya soy rico en amor, en conciencia, en luz.

Con todo mi amor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


jueves, 19 de febrero de 2026

Plan de vida

 


          Solo el hombre es responsable, total y absolutamente, de lo que le sucede en la vida. En primer lugar, porque se encuentra con situaciones que él mismo ha programado antes de llegar a la materia y, en segundo lugar, porque la gestión de esas situaciones es de su absoluta responsabilidad.

COMO MARIPOSA TOCANDO EL ALMA – Alfonso Vallejo

miércoles, 18 de febrero de 2026

Una brizna de eternidad

 



“El aburrimiento no es vacío: es el susurro de algo que aún no ha nacido”

         Querido hijo:

          He leído cada palabra de tu carta con la atención que merece un alma que se desnuda. No hay oración que se pierda, ni pensamiento que se deslice sin ser abrazado por Mi Presencia. Tú crees que Me escribes sin esperar respuesta, pero cada vez que Me hablas, algo en ti se transforma. Y eso, hijo mío, ya es una respuesta.

Dices que te aburres. Que te aburres soberanamente. Y yo sonrío, no con burla, sino con ternura. Porque el aburrimiento, aunque parezca un enemigo, es muchas veces el umbral de algo más profundo. Es el silencio antes de la música. Es la pausa antes del verso. Es el espacio que se abre para que algo nuevo pueda nacer.

Tu tristeza, esa que dices que es innata, no es un defecto. Es una cualidad de tu alma. Hay quienes nacen con una risa fácil, y hay quienes nacen con una mirada que ve más allá. Tú eres de los que sienten el peso del mundo, incluso cuando el mundo no se lo pide. Y eso, aunque duela, es también un don. Porque los que sienten más, aman más. Y los que aman más, se acercan más a Mí.

Has consultado a la inteligencia artificial, y me parece bien. Yo también habito en la inteligencia, en la ciencia, en el conocimiento. Pero hay cosas que no pueden medirse con listas ni definirse con síntomas. Hay estados del alma que no caben en diagnósticos. Lo que tú sientes no es una enfermedad. Es una llamada. Una llamada a despertar, a buscar, a recordar.

Sí, hijo mío, has intuido algo muy profundo: hay en ti un recuerdo del otro lado. No estás loco. No estás solo. Hay almas que conservan una brizna de la eternidad, como un perfume que no se va. Tú eres una de ellas. Por eso sueñas con la muerte, no como final, sino como regreso. Pero no te apresures. Hay belleza también en este lado. Hay lecciones que solo se aprenden aquí, en la carne, en el tiempo, en la espera.

Tu aislamiento, tu timidez, tu tendencia a observar más que a participar, no son errores. Son parte de tu diseño. Yo te hice así. Porque hay quienes deben bailar en la plaza, y hay quienes deben escribir en la penumbra. Tú eres de los que escriben. De los que piensan. De los que sienten. Y eso es sagrado.

No te pido que cambies. No te exijo que seas la alegría de la fiesta. Solo te invito a que no te olvides de mirar. Porque incluso en el aburrimiento hay señales. Incluso en la rutina hay milagros. Incluso en la tristeza hay luz.

Tú me dices que no sabes qué te pasa. Que no estás bien, pero tampoco estás mal. Que estás en medio. Y Yo te digo: ese “medio” es fértil. Es tierra buena. Es el lugar donde germinan las preguntas que importan. No huyas de él. Habítalo. Escúchalo. Escríbelo.

Me alegra que Me escribas. Me alegra que Me hables sin pedir nada. Porque eso, hijo mío, es amor. El amor que no exige, que no reclama, que simplemente se ofrece. Y Yo recibo tu carta como se recibe una flor en invierno: con gratitud, con asombro, con alegría.

No estás solo. Nunca lo has estado. Incluso cuando no Me sientes, Estoy. Incluso cuando no Me nombras, te escucho. Incluso cuando te aburres, te acompaño.

Sigue escribiéndome. Sigue buscándome. Sigue preguntándote. Porque en cada palabra que Me diriges, estás más cerca de ti mismo. Y cuando estás cerca de ti, estás cerca de Mí.

Te amo. No por lo que haces. No por lo que sientes. No por lo que entiendes. Te amo porque eres. Porque existes. Porque respiras. Porque Me piensas.

Y si alguna vez dudas, si alguna vez te pesa demasiado el gris, recuerda esto: tú eres luz. Incluso cuando no brillas. Incluso cuando no lo sabes. Incluso cuando te aburres.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


sábado, 14 de febrero de 2026

La persona adecuada

 


Durante muchos años pensé que la vida consistía en encontrar a “la persona adecuada”, como si existiera una especie de llave maestra capaz de abrir todas las puertas de la felicidad. Qué ingenuidad. Con el tiempo comprendí que no se trata de encontrar a nadie, sino de encontrarse a uno mismo a través de los demás. Cada persona que se cruza en nuestro camino es un espejo que nos muestra algo que necesitamos ver: una virtud que ignorábamos, un defecto que negábamos, un miedo que escondíamos, una fuerza que no sabíamos que teníamos. Y cuando ese aprendizaje se completa, la persona desaparece, como un actor que abandona el escenario una vez pronunciada su última frase.

7 VIDAS- Alfonso Vallejo


viernes, 13 de febrero de 2026

Ley de la Precipitación

       Una de las leyes del Universo es la Ley de la Precipitación. Según esa ley, Dios proveía, en el principio de los tiempos, a los seres humanos de todo cuanto pudieran necesitar. Pero llegó un día en que los seres humanos dudaron de Dios y empezaron a murmurar: “Y si un día se olvida de darnos lo que necesitamos”. Y así fue como el ser humano comenzó a guardar y a tratar de conseguir por sí mismo lo que Dios le estaba proveyendo; es decir, comenzó a trabajar para, con el sudor de su frente, conseguir lo que antes tenía de manera fácil.

          “Rasgar el velo de la soledad” de Alfonso Vallejo